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Cata Vertical

Torre Muga: un rioja de altura


Torre Muga: un valor seguro parala bodega
La Revista todovino - A. Cervera (11 de junio)
Tags: cata   

Una vertical sin ningún cabo suelto. Hemos podido probar las diez añadas que se han comercializado hasta la fecha de esta marca ya mítica entre los riojas modernos para llegar a la conclusión de que el tiempo obra a favor de muchos tintos tremendamente concentrados que a menudo resultan más fáciles de catar que de beber cuando salen al mercado.

¿Alguien tiene olvidada una botella de Torre Muga en su bodega? ¿Un 98? ¿Quizás un 94? Seguramente no habrá muchas respuestas afirmativas. Como ocurre con la mayoría de “superriojas” modernos, hemos pecado de ansiedad por eso de estar al día y poder opinar en la conversación de las marcas y añadas ultimísimas que manejan (casi siempre con anticipación y alevosía) los aficionados de referencia.

Por una vez, el elaborador no se fue por lo cerros de Úbeda cuando le preguntamos sobre el momento óptimo de consumo de su primer tinto moderno. Jorge Muga, que fue el cicerone perfecto de esta vertical, siempre ha lamentado que sus vinos desaparecieran de las tiendas y las cartas de los restaurantes precisamente cuando empiezan a estar más expresivos y bebibles.

¡Cuántos tópicos por enterrar! “¿De verdad alguien puede dudar –se preguntaba el director técnico de Bodegas Muga– de que estos vinos no se van a desarrollar bien con el tiempo?” No hubo mejor forma de rebatir esta sospecha (por lo menos en lo que concierne a Torre Muga) que con el buen nivel que mantuvieron todas las añadas. No se achantaron lo más mínimo durante las aproximadamente cuatro horas que las copas estuvieron encima de la mesa.

Además de desmentir el tópico de que estos vinos se caerán rápidamente y que no serán capaces de desarrollarse como lo han hecho los clásicos e históricos, también pudimos comprobar cómo el reproche de maderas marcadas que a menudo se hace a los Torre Muga más juveniles se desvanece en el tiempo. Quedó claro que, para ellos, veinte años no es mucho.

Un vino en continua evolución
Jorge Muga defiende la personalidad del Torre Muga como un vino en evolución continua desde que su tío Manuel, el más “afrancesado” de la familia, empezó a darle vueltas a la idea de “hacer un tinto más al gusto internacional, pero con las mismas herramientas de Rioja de toda la vida”. Esto sucedía a finales de la década de los ochenta cuando otras bodegas que han ocupado un papel clave en la revolución de la D.O.Ca. pergeñaban sus primeros vinos modernos.

Puertas adentro, la primera vez que intentó hacerse un Torre Muga fue con la cosecha 89, pero el vino no dio la talla y no llegó al mercado. La añada 90 no fue lo suficientemente buena como para realizar un segundo intento y hubo que esperar hasta la vendimia del 91, en excelente forma por cierto, para su lanzamiento.

Torre Muga es un vino de laderas, procedente de pequeñas viñas y parcelas situadas en los municipios de Briñas, Haro y Villalba. La bodega ha apostado de manera importante por la adquisición de viñedo en los últimos años y cuenta hoy con unas 200 hectáreas en propiedad a las que hay que sumar otras 150 resultado de acuerdos fijos con viticultores.

“De un valle de 15 kilómetros –relata Jorge Muga– sacamos tres vinos distintos vendimiados en distintas fechas. A Muga van las uvas de los meandros y terrazas altas que forma el Ebro, que se caracterizan por su estructura arcillosa y de canto rodado; para Torre Muga hay que subir a las laderas de los montes Obarenes, mientras que Prado Enea (el clásico de la casa) procede de viñedos aún más altos, de aproximadamente 100 metros más arriba, donde hay más arcilla y la maduración es más tardía”.

Estamos en Rioja Alta, en una de las áreas (los alrededores de Haro) más frescas de la denominación. Por su ubicación y altitud algunos viñedos propiedad de los Muga son de los últimos en vendimiarse de toda Rioja. En este pequeño cogollo en el que confluyen influencias atlánticas, mediterráneas y continentales, la calidad de las cosechas no va necesariamente pareja con el resto de la denominación. Por ejemplo, 2003, pese a su calidez, no fue tan extrema como en otros lugares aunque la producción se redujo drásticamente. Y 1998 y 2000 resultaron algo superiores frente a otras zonas, aunque curiosamente el Torre Muga del nuevo milenio fue el más apagado de la cata.

Las “otras” variedades de Rioja
Uno de los aspectos más interesantes de la cata fue el descubrimiento de la intensidad con que se trabajan en la casa las variedades minoritarias; un dato importante si tenemos en cuenta que la principal uva riojana, la tempranillo, deja en torno al 25-30% de espacio en el ensamblaje del Torre Muga a graciano y mazuelo.

“Nuestra revolución –afirma Jorge Muga– es en las uvas minoritarias. En los últimos años no hemos plantado nada de tempranillo”. El director técnico de la bodega defiende que este hecho está marcando un punto diferencial en sus tintos.

“Hoy –prosigue–, la situación ha cambiado mucho. Mi abuelo y mi bisabuelo tenían problemas distintos a los nuestros. Hace 100 años no había seguros y se mezclaban en la misma parcela variedades de ciclo corto con otras de ciclo largo porque si una uva fallaba, las otras debían compensar la cosecha. El problema era más de falta que de exceso de uva, mientras que hoy la tendencia es a producir menos. Lo que queremos hacer es sacar más partido a variedades que antes se vendimiaban verdes. Buscamos vinos más complejos y con un abanico aromático mayor”.

Llevar esta filosofía a la práctica exige un cierto grado de sofisticación. Ya no estamos hablando sólo de vendimiar por parcelas, sino de hacerlo por variedades dentro de cada parcela, lo que exige realizar varias pasadas por la misma viña. El orden habitual de recogida en función de esa madurez ideal suele ser: primero, la viura; luego la tempranillo y después la mazuelo y la graciano prácticamente a la vez.

“Si no maduran bien, la mazuelo y la graciano –señala Jorge Muga– no dan color. Pero en su punto óptimo no sólo aportan en el ensamblaje sino que además estabilizan”. Este trabajo con las variedades minoritarias que empieza a consolidarse a finales de la década de los noventa ayudaría a explicar también el incremento del grado alcohólico (se alcanza la madurez polifenólica en todas las uvas) y el aumento de materia colorante, no sólo en el Torre Muga sino también en el tinto más clásico de la casa: el Prado Enea.

¿Cómo se hace el Torre Muga?
Como el resto de tintos de Muga, todo el proceso discurre en madera. La fermentación se realiza en tinos de roble (sin control de temperatura ni adición de levaduras) y la crianza entre barricas bordelesas y tinos de 16.000 litros. Otra marca de la casa es la clarificación con clara de huevo.

Siempre se ha utilizado roble francés, salvo en la primera añada 1991 en la que hubo también algo de americano. Posteriormente, se ha ido subiendo la intensidad del tostado, aunque sin alejarse de los tonos medios. La idea es insistir mucho en la curación y el secado de la madera y, en el tostado, prolongar su duración a la vez que se baja la intensidad. Hacer barricas a la carta es uno de los privilegios de una bodega que cuenta con su propia tonelería.

Torre Muga sólo se elabora si se dan las condiciones de calidad necesarias para ello. En su aún breve historia ha faltado a la cita en 1992, 1993, 1997 y 2002, y ya nos adelantan que no habrá 2007, mientras que la añada 2008 está aún en proceso de estudio. En función de las características de la cosecha, la producción oscila entre las 40.000 y 70.000 botellas con excepción de 2003 que no llegó a las 20.000.

La cata
A Muga siempre se le exige mucho. Es una de esas marcas que generan grandes expectativas, pero incluso con el listón bien alto los vinos dieron la talla. Las botellas no se descorcharon con anticipación ni se decantó ninguna añada. Los vinos fueron desarrollándose en las copas durante las aproximadamente cuatro horas que estuvieron a nuestra disposición para poder volver sobre ellas y comprobar su evolución. El nivel y la consistencia de los vinos fueron especialmente altos. Desde nuestro punto de vista, 94 y 98 resultaron ser las añadas más expresivas y espectaculares dentro de la década de los noventa y 2005 entre las del nuevo milenio, sin olvidar que 2001 y 2004 son dos bombas necesitadas de bastante más tiempo en botella.

Torre Muga 1991
Rubí teja. Nariz compleja y con fina reducción: orejones, canela, especias dulces, fruta escarchada, pastelería, finas notas de cuero. Boca inconfundiblemente riojana; tanino pulido y noble, agradable calidez, fruta escarchada, recuerdos de cuero; final aromático y especialmente persistente.
Roble francés y americano en esta añada
12,5% vol.
Consumo: un tinto muy en forma. Es posible que haya llegado a su mejor momento y que no mejore, pero no muestra el menor síntoma de decadencia.

Torre Muga 1994
Rubí algo más intenso con borde teja. Nariz menos reductiva y más golosa, con notas de pastelería, originales tostados, deliciosa fruta escarchada (guinda), avellana. Evoluciona a notas de infusión. Boca sedosa y aterciopelada, con gran profundidad de fruta escarchada, madera perfectamente integrada, muy juvenil y entero aún, perfecta acidez, final larguísimo y con leve y fina nota de cuero en retronasal.
Sólo roble francés a partir de esta añada.
13% vol.
Consumo: un tino que hace honor a la fama de la cosecha y se presenta tremendamente entero y exultante. Afortunados los que tienen una botella en su bodega. ¡Es el momento de descorcharla!

Torre Muga 1995
Cereza borde anaranjado. Muy limpio y especiado (clavo, pimienta, nuez moscada), menos abierto y expresivo en un primer momento. Evoluciona a notas de curry, betún, vuelven a salir los tostados y luego la pastelería y las especias dulces. Boca con taninos bien firmes; más prieto y estructurado que los anteriores, con volumen y excelente acidez.
13% vol.
Consumo: muy bebible, desde luego, pero su firme estructura le augura una larga vida.

Torre Muga 1996
Cereza borde anaranjado. Chocolate con naranja (recuerdos de cointreau), fruta negra en confitura, especias dulces, muy entero, poso de café, regaliz, profundo. Muy entero en nariz. Boca con buena intensidad, tanino pulido y con volumen, envolvente, buena acidez, perfecto equilibrio. Muy entero, con mucha vida por delante.
13% vol.
Consumo: resulta perfectamente bebible, pero en línea con la cosecha anterior tiene una larga vida por delante.

Torre Muga 1998
Cereza más intenso con borde casi granate. Nariz compleja y fina, de gran profundidad, fruta roja ácida, guinda, canela. Evoluciona a nota de eucalipto muy fresca. Excepcional boca, con gran armonía, potencia, excelente sensación de su viva acidez, gran protagonismo de fruta roja ácida junto con notas de pastelería que quedan en segundo plano. Finos taninos, pero muy entero. Gran persistencia.
13,5% vol.
Consumo: una de las añadas más expresivas y deliciosas de la cata que se encuentra en un gran momento, pero también con gran entereza para mantenerse en la botella.

Torre Muga 2000
Cereza intenso. Estilo más moderno que los anteriores aunque no demasiado expresivo en nariz con presencia acusada de notas lácticas (cacao, nata) que no dejaban aflorar otros registros. Boca firme y concentrado, con la madera más presente en final de boca.
14% vol.
Consumo: quizás esta añada esté pasando por un momento raro: no ha alcanzado la complejidad de las anteriores y no tiene la energía de los siguientes. La consigna sería esperar a ver cómo evoluciona.

Torre Muga 2001
Picota intenso. Algo cerrado, fruta muy concentrada (ciruela negra), pastelería (roscón, fruta escarchada). Boca con gran potencial: taninos aún bastante presentes, potente, con gran concentración y personalidad, carácter mineral. Está tan entero que podría pasar por una añada más reciente.
14% vol.
Consumo: 2001 parece ser una cosecha de gran estructura pero desarrollo bastante lento. Necesita pulirse, por lo que no sería descabellado ser paciente y esperar cinco años más.

Torre Muga 2003
Negro apicotado. Seductora nariz a after eight, bombón, chocolate, pastelería, toffee. Boca intenso, potente, cálido, tanino algo más rugoso que en el resto, notas tostadas y madera ligeramente más presente que en el resto.
14% vol.
Consumo: conviene esperar a que el tanino se lime un poco, pero la nariz nos sorprendió agradablemente; un destacado 2003 teniendo en cuenta la calidez de la añada.

Torre Muga 2004
Negro apicotado. Gran intensidad en nariz. Sensación de esencia de fruta (ciruela concentrada, frambuesa madura), café muy aromático, toffee, fondo de laurel. Boca inmensa y voluminosa, con gran estructura y carnosidad; mucha fruta concentrada, tanino muy presente. Excelente concentración.
14% vol.
Consumo: a todas luces, prematuro; el tanino aún está muy marcado, pero sin duda es una de las grandes añadas de la cata.

Torre Muga 2005
Negro apicotado. Nota de laurel muy clara, gran finura en nariz, ciruela concentrada, pastelería, chocolate. Boca sedosa, tanino graso y voluminoso sin ninguna dureza; fresca acidez con sensaciones de fruta roja ácida en final de boca y con recuerdos de chocolate. Madera perfectamente integrada. Excelente.
14% vol.
Consumo: con sus taninos casi sedosos a pesar de su juventud hará las delicias de los amantes de la concentración y la fruta exuberante. Los demás pueden esperar unos años más sin olvidar su gran amabilidad en boca.

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